Crítica de El último concierto (2013)

El último concierto es una película que narra los problemas cotidianos de cuatro músicos que se empeñan por tocar el opus 131 de Beethoven.

Ante tamaña empresa estos deberan encontrar el equilibrio entre sus vidas y su arte, sorteando los problemas cotidianos propios del común de los mortales: amoríos, peleas, resentimientos…

La película nos presenta los clarooscuros del alma de los artistas que intentan interpretar una música que para muchos es casi sublime, pues es sabido que la partitura que quieren tocar es la obra que pidió escuchar el compositor Schubert (1797-1828) antes de morir. Los personajes intentarán afinar sus vidas, como si de unos instrumentos musicales fuesen, para alcanzar la máxima perfección en su arte, la música de cámara. La música más perfecta no es más que la de la vida misma, no es el simple instrumento musical, como podríamos pensar. Incluso uno de los personajes se empeña en ser obsesivamente perfecto y acaba por desacompasar al grupo. Es el equilibrio, la búsqueda del arte verdadero lo que importa, no la floritura culta, la verdadera Música que se esconde en el alma del auténtico músico. Sólo cuando uno de los miembros deje paso a nuevas ideas, ya al final de su carrera, es cuando la vida de todos y su arte reencontrado iniciará una nueva etapa. Una película muy recomendada para amantes de la buena música. Aquí os dejo el opus 131 de Beethoven para que juzguéis vosotros mismos.