Crítica de El chico del millón de dólares (2014)

Basado en hechos reales “El chico del millón de dólares” es una película sobre el mundo del béisbol y la India.

Está dirigida por Craig Gillespie, el guión es de Thomas McCarthy, y la música está compuesta por A. R. Rahman. Son protagonistas John Hamm, Aasif Mandvi, Suraj Sharma, Madhur Mittal, Bill Paxton, Lake Bell etc… La productora es Walt Disney.

JB (John Hamm) es un ejecutivo que se dedica a fichar estrellas del deporte. Su negocio no va demasiado bien y pasa por un mal bache en su carrera. Las cosas no le van muy bien y pierde a su último fichaje. Su socio le propone una idea, descabellada, pero una idea al fin y al cabo: ir a la India y buscar un jugador de béisbol pues en la India hay un nicho de mercado todavía por explotar.  La idea es descabellada porque la India tiene como deporte nacional el cricket y en la vida han oído hablar del béisbol.

Así que JB se prepara para la aventura que cambiará su vida para siempre. En la India para encontrar un jugador que dé la talla realizan un programa que se llama “el chico del millón de dólares”. Se presentan multitud de muchachos a los concursos pero ninguno da la talla, hasta que aparecen Dinesh (Madhur Mittal) y Rinku (Suraj Sharma). Tienen a un traductor que se ha añadido él solo al grupo y que hará de entrenador. De entre todos los muchachos estos dos jugadores se tendrán que adaptar a la vida occidental. Pasan las pruebas y están preparados para la aventura occidental.

La película no convence. John Hamm parece que no ha salido todavía de la serie Mad Men, parece ser Don Draper en la India. Al borde del colapso es un ejecutivo que se lo juega todo pero la actuación y el personaje son simplones. No dejamos de estar delante de una película Disney, los personajes no tienen chispa, no hay atracción entre él y Lake Bell, la vecinita de enfrente. Los dos chicos indios parecen escolares salidos de algún recreo. La tensión brilla por su ausencia. La trama aburre excepto cuando están en la India. Falta la tensión entre el ejecutivo y los chicos. JB es un padre que guía a sus hijuelos por la senda del éxito. Les enseña lo que se hace en América cómo deben comportarse y él a cambio les da su cariño. No hay fiestas, no hay grandes excesos ni sexo como en el resto de deportistas. Estos chicos se van a portar bien. Cuesta creer que hay sido así, tan simple, tan infantil.

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El hito es histórico: traer dos jugadores de procedencia hindú a la mayor Liga de béisbol de los EEUU. Dos jugadores que por cultura y tradición no tienen nada que ver con el mundo del béisbol. Pero durante la película nos da la impresión de ver a dos niños buenos que se portan bien y que solo son castigados cuando desobedecen al padre. Necesitan el auxilio de un padre, el apoyo y el cariño de JB. Y la madre, la vecinita, está ahí para apoyar el proyecto de JB. Todo sin un solo conflicto. Cuesta creer la verdad. Cuesta creer que ellos que son los protagonistas no hayan pasado por dificultades. El único que suda la gota gorda es el padre JB que preocupado por su negocio parece que hecha todo por la borda. Hasta que se da cuenta que lo primero es la familia, y eso se lo dice ella Brenda (Lake Bell) la vecinita de enfrente.

Al final la familia unida jamás será vencida. Todos una piña para superar los obstáculos. John Hamm con esa cara de pan no convence, no. Si quiere hacernos creer que todo funciona se tiene que esforzar más. No deja de ser un ejecutivo de pacotilla más. JB es un americano más en la India, un hipioso con traje y corbata que se cree que puede hacer negocio como en los 60. Pero su época ya ha pasado. A duras penas nos lo creemos.

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La música es un mestizaje entre lo occidental y lo hindú. Compuesta por A. R. Rahman. Es ganador de dos oscar por componer la banda sonora y la canción de Slumdog Millionaire. Ha trabajado en multitud de películas, su música tiene un fuerte carácter oriental pero mezclado con ritmos occidentales. Su carrera está unida al mundo de Bollywood pero también trabaja para Hollywood.

Os dejamos una de sus canciones para que os hagáis una idea.