Crítica de Tres Recuerdos de Mi Juventud (2015)

Título: Tres Recuerdos de Mi Juventud | Título original: Trois souvenirs de ma jeunesse | Año: 2015 | Dirección: Arnaud Desplechin. | Producción: Why Not Productions. | Guión: Arnaud Desplechin, Julie Peyr. | Montaje: Laurence Briaud. | Música: Grégoire Hetzel. | Fotografía: Irina Lubtchansky. | Reparto: Mathieu Amalric, Lou Roy-Lecollinet,Quentin Dolmaire, Léonard Matton. | Género: Drama romántico. | Duración: 123 min

¿Quién no ha sentido la típica emoción de cuando se enamora por primera vez? ¿Ese familiar entramado de sentimientos, a veces caóticos, pero tan intensos que son imborrables? El amor, tan sencillo y tan complicado al mismo tiempo. Y, precisamente, es ese camino hacia la madurez emocional y la profunda e inalterable huella del primer amor lo que intenta mostrarnos el incombustible director Arnaud Desplechin en la  melodrámatica Tres Recuerdos de Mi Juventud.

Situémonos en los años 80, con el trasfondo de la URSS y la caída del Muro. Paul Dédalus es un profesor de antropología acusado de espionaje que reside en Tayikistán. Mientras se prepara para abandonar ese país y regresar a su idolatrada Francia, comienza a recordar algunos episodios de su vida. Se acordará de su hermana Délphine, del fuerte vínculo que tenía con su hermano Iván, los desencuentros que tenía con su padre cuando tenía 16 años, sus escapadas con Penélope, Medhi y Kovalki, el amigo al que tuvo que traicionar, sus estudios en París  y, sobre todo, de Esther, su primer gran amor.

Tres Recuerdos de Mi Juventud

La historia comienza con un Dédalus atrapado en el aeropuerto, sospechoso de espionaje y acusado de tener un doble pasaporte. Sin saber muy bien a dónde quiere ir a parar tal escena comprobamos que la respuesta a esta cuestión irá dilucidándose en un flashback con tres partes claramente diferenciadas en el film.

La primera nos llevará a la desolada infancia de Paul, un período oscuro marcado por el suicidio de una madre a la que odia, la segunda corresponde a un insólito viaje a la Rusia de la Guerra Fría cuando era un adolescente y el tercer capítulo, que es casi una película dentro de esta historia, es donde disfrutaremos  de la “excepcional” Esther, tal y como ella misma se presenta ante nosotros.

Tres Recuerdos de Mi Juventud

Y para sorpresa mayúscula Paul Dédalus no solo es el protagonista de Tres Recuerdos de Mi Juventud. Hace casi 20 años ya formó parte de la ficción en Mi vida sexual, también de Desplechin (Un cuento de Navidad, Reyes y reina). Se confirma de esta forma el alter ego del director francés que tiene a Mathieu Amalric (Wolf Hall) como actor fetiche y que se sale interpretando al Dédalus maduro.

Sin embargo, el punto fuerte recae  en Quentin Dolmaire quien se pone en la piel del arqueólogo durante su juventud.  El joven actor lleva el peso de casi todo el film prácticamente sin inmutarse, propio de un intérprete mucho más experimentado. Mención especial también para Lou Roy-Lecollinet, que hace que nos sintamos identificados con Esther casi desde el principio.

Tres Recuerdos de Mi Juventud

¡Y qué decir de la calidad técnica! El realizador utiliza una pulcra y sobria táctica de narración audiovisual que se convierte en  una protagonista más. La banda sonora, aunque no destaca por llamar la atención, sabe aparecer en los momentos precisos.

En conclusión, Tres Recuerdos de Mi Juventud es una historia impetuosa y rebelde, que muestra ese salto a la adultez que tan bien conocemos. Magníficamente desarrollada y con un guión que no hace estragos en ningún momento, la película se permite el lujo de ir desgranando a unos personajes que se vuelve más profundos y fascinantes con cada minuto que pasa.

Lo mejor: El talento de los jóvenes intérpretes está muy bien aprovechado y llevan a un film bueno a la categoría de notable.

Lo peor: Los dos primeros capítulos apenas tienen peso en el devenir de la historia. Básicamente el film se traduce en la melodramática relación entre Paul y Esther.