Crítica de Bird (1988)

Bird es un biopic basado en la vida del gran saxofonista y músico de jazz Charlie Parker. La película la dirige Clint Eastwood protagonizada por Forest Whitaker, Diane Venora, Michael Zelniker, Samuel E. Wright, etc…

Esta vez presentamos una de las más grandes películas que se han echo hasta el momento sobre el mundo de jazz.. En este caso le ha tocado a una figura brillante de la música culta, Charlie Parker, un músico que deslumbró a medio mundo con su música de jazz. La película está empeñada en presentarnos a un músico que en múltiples ocasiones descendía ad inferos para renacer de sus cenizas. Vemos como momento tras momento los cimientos de Parker (Forest Whitaker) prometen derrumbarse. Pero no es así.

Julio Cortázar escribió en El perseguidor no solo el hundimiento de un genio sino el contacto a través de la música con lo que podemos llamar experiencias cumbre. Parker tocaba el cielo, sentía que se le abrían las puertas del cielo, se hallaba en esos momentos en una experiencia numinosa. Los que escuchaban su música sentían que algo pasaba, intuían algo así como un asombro esencial. El propio Parker así lo notaba. Algo le llamaba, algo se le abría para después volver a la realidad rugosa, a lo normal, a lo cotidiano.

En el film de Clint Eastwood se menciona poco estos hechos, algo quizás de refilón, pero los que le rodeaban, su mujer, su manager, Dizzie Gillespie, otro portento, sabían que Parker era un tipo especial tocado por la mano de Dios.

La película se empeña en hacernos creer que Parker estaba metido en un pozo sin fondo, rodeado de drogas continuamente, sin una posible solución. El mundo de la música nunca ha sido fácil, el duende, la inspiración es caprichosa, sopla donde quiere.

Forest-Whitaker-in-Bird

Como músico auténtico que fue Charlie Parker conoció el reconocimiento de todos, también el fracaso. Toco el techo del mundo en Europa, pero no se le caían los anillos si tenía que tocar en los estados del sur de EEUU. No le hacía ascos a nadie. Su pasión era la música, era por lo que vivía.

Aquí Forest Whitaker hace el mejor papel de su vida. Tal es así que no decae nuestra atención en los continuos vaivenes de nuestro músico. Su relación con su mujer, con su amigo Gillespie, todo lo traza muy bien Clint Eastwood, no se deja un detalle. La vida de un músico es estar en continuo movimiento aprendiendo de todos aunque sea uno un Mozart.

Bird era el mote que le pusieron a Charlie Parker quizás porque en uno de sus tantos fraseos con el saxofón, en una de esas arrebatadores músicas que nos legó, era capaz de alzar el vuelo, como pájaro que vuela y no se posa. No hubo uno igual en su época. Quizás esta música nos parece de otros tiempos pero lo bueno nunca envejece, es eterno.

La música del film es la del propio Charlie Parker, elegida en esta ocasión también por Lennie Niehaus.